Las cosas que tendrían que pasar

«Pienso que la realidad en exceso es un peligro, no se puede vivir sin soñar»

Woody Allen

Las cosas que tendrían que pasar son todas aquellas que nunca suceden, las que nos pasaremos esperando toda la vida, a las que uno pone ilusión. Son esperanza y también decepción, están en el cajón de los no recuerdos junto a los deseos de futuro. Porque las cosas que deberían pasar se conjugan en plural y son siempre cosas de uno sin preguntar a los demás, imaginación a la deriva que tarde o temprano terminara por encallar.

Tendría que haber pasado una mirada, unos ojos que te lo digan todo sin pronunciar palabra, un cosquilleo, una caricia, una estrella fugaz y su deseo de que ese momento no acabase nunca. Tendría que haberse parado el reloj en aquel coche, solo ese día. Tendría que haber sido en Madrid, o en Paris, en lo alto de un edificio que nos regala el paisaje de luces de un patio al que nunca le falta alegría, tendría que haber sido, pero nunca lo fue. Y es que contra la imaginación la realidad.

Porque todo lo que no debe suceder sucede, las horas pasan y pronto se hace de día sin dejar acabar a la noche todos los planes que tenia pendientes. Sucede otro olor, otra persona y otras risas. Sucede todo aquello que tememos que pase, lo que, irremediablemente, esperando sentados dejamos que pase.

Ahora que lo digo, las cosas que pasan son las que justo nadie planea, y eso es lo bueno, la naturalidad del error. La falta de seguridad en lo siguiente que dirás para cagarla bien o para salir victorioso de una conversación con alguien que no creías que ibas a conocer, quien de pronto te llena y te llama para saber que la vida no se escribe antes, si no después de que las cosas sucedan. Así que, supongo que escribo de pasado esperando un futuro que nunca llega.

Como dicen «Te pasarás toda la vida esperando y acabarás por desesperar».

Artículo publicado por primera vez el 4 de agosto de 2015.

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